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= Domingo 14 de Marzo, 2010

Cuarto Domingo de Cuaresma

Haz la prueba y verás qué bueno es el Señor

Proclamemos la grandeza del Señor

Alégrate, Jerusalén, y‑todos los que la amáis,‑reuníos. Regocijaos con‑ella todos los que participábais‑de su duelo y quedaréis‑saciados con la abundancia de sus consuelos.

No se dice Gloria.

 

Oración Colecta

Oremos:

Dios nuestro, que has‑reconciliado contigo a la‑humanidad entera por medio‑de tu Hijo, concede al pueblo‑cristiano prepararse con‑fe viva y entrega generosa‑a celebrar las fiestas de la‑Pascua.

Por nuestro Señor Jesucristo...

Amen.

 

Primera Lectura

Lectura del libro de Josué

(5, 9. 10-12)

En aquellos días, el Señor dijo‑a Josué: “Hoy he quitado de‑encima de ustedes el oprobio de‑Egipto”.

Los israelitas acamparon en‑Guilgal, donde celebraron la‑Pascua, al atardecer del día‑catorce del mes, en la llanura‑desértica de Jericó.

El día siguiente a la Pascua,‑comieron del fruto de la tierra,‑panes ázimos y granos de trigo‑tostados. A partir de aquel día,‑cesó el maná. Los israelitas ya‑no volvieron a tener maná, y‑desde aquel año comieron de‑los frutos que producía la tierra‑de Canaán.

Palabra de Dios.

Te alabamos, Señor.

 

Salmo Responsorial Salmo 33

Haz la prueba y verás

qué bueno es el Señor.

Bendeciré al Señor a todas‑horas, no cesará mi boca de‑alabarlo. Yo me siento orgulloso‑del Señor, que se alegre su‑pueblo al escucharlo.

Haz la prueba y verás

qué bueno es el Señor.

Proclamemos la grandeza del‑Señor y alabemos todos juntos‑su poder. Cuando acudí al Señor,‑me hizo caso y me libró de todos‑mis temores.

Haz la prueba y verás

qué bueno es el Señor.

Confía en el Señor y saltarás‑de gusto, jamás te sentirás‑decepcionado, porque el‑Señor escucha el clamor de los‑pobres y los libra de todas sus‑angustias.

Haz la prueba y verás

qué bueno es el Señor.

 

Segunda Lectura

Lectura de la segunda carta

del apóstol san Pablo a los

corintios (5, 17-21)

Hermanos: El que vive‑según Cristo es una creatura‑nueva; para él todo lo viejo ha‑pasado. Ya todo es nuevo.‑Todo esto proviene de Dios,‑que nos reconcilió consigo‑por medio de Cristo y que‑nos confirió el ministerio de‑la reconciliación. Porque,‑efectivamente, en Cristo, Dios‑reconcilió al mundo consigo y‑renunció a tomar en cuenta los‑pecados de los hombres, y a‑nosotros nos confió el mensaje‑de la reconciliación. Por eso,‑nosotros somos embajadores de‑Cristo, y por nuestro medio, es‑Dios mismo el que los exhorta‑a ustedes. En nombre de Cristo‑les pedimos que se reconcilien‑con Dios.

Al que nunca cometió pecado,‑Dios lo hizo “pecado” por‑nosotros, para que, unidos a él,‑recibamos la salvación de Dios y‑nos volvamos justos y santos.

Palabra de Dios.

Te alabamos, Señor.

 

Aclamación antes del Evangelio

Honor y gloria a ti,

Señor Jesús.

Me levantaré, volveré a‑mi padre y le diré: “Padre,‑he pecado contra el cielo‑y contra ti”.

Honor y gloria a ti,

Señor Jesús.

 

Evangelio

† Lectura del santo Evangelio

según san Lucas (15, 1-3. 11-32)

Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, se acercaban‑a Jesús los publicanos y los‑pecadores para escucharlo.‑Por lo cual los fariseos y los‑escribas murmuraban entre‑sí: “Este recibe a los pecadores‑y come con ellos”.

Jesús les dijo entonces‑esta parábola: “Un hombre‑tenía dos hijos, y el menor de‑ellos le dijo a su padre: ‘Padre,‑dame la parte de la herencia que‑me toca’. Y él les repartió los bienes.

No muchos días después,‑el hijo menor, juntando todo‑lo suyo, se fue a un país‑lejano y allá derrochó su‑fortuna, viviendo de una‑manera disoluta. Después‑de malgastarlo todo, sobrevino‑en aquella región una gran‑hambre y él empezó a‑padecer necesidad. Entonces‑fue a pedirle trabajo a un‑habitante de aquel país, el‑cual lo mandó a sus campos‑a cuidar cerdos. Tenía ganas‑de hartarse con las bellotas‑que comían los cerdos,‑pero no lo dejaban que se‑las comiera.

Se puso entonces a‑reflexionar y se dijo: ‘¡Cuántos‑trabajadores en casa de mi‑padre tienen pan de sobra,‑y yo, aquí, me estoy muriendo‑de hambre! Me levantaré,‑volveré a mi padre y le diré:‑Padre, he pecado contra el‑cielo y contra ti; ya no merezco‑llamarme hijo tuyo. Recíbeme‑como a uno de tus trabajadores’.

Enseguida se puso en camino‑hacia la casa de su padre.‑Estaba todavía lejos, cuando‑su padre lo vio y se enterneció‑profundamente. Corrió hacia él, y‑echándole los brazos al cuello, lo‑cubrió de besos. El muchacho le‑dijo: ‘Padre, he pecado contra el‑cielo y contra ti; ya no merezco‑llamarme hijo tuyo’.

Pero el padre les dijo a‑sus criados: ‘¡Pronto!, traigan‑la túnica más rica y vístansela;‑pónganle un anillo en el dedo‑y sandalias en los pies; traigan‑el becerro gordo y mátenlo.

Comamos y hagamos una‑fiesta, porque este hijo mío‑estaba muerto y ha vuelto a la‑vida, estaba perdido y lo hemos‑encontrado’. Y empezó el‑banquete.

El hijo mayor estaba en‑el campo y al volver, cuando‑se acercó a la casa, oyó la‑música y los cantos. Entonces‑llamó a uno de los criados‑y le preguntó qué pasaba.

Este le contestó: ‘Tu hermano‑ha regresado y tu padre mandó‑matar el becerro gordo, por‑haberlo recobrado sano y‑salvo’. El hermano mayor‑se enojó y no quería entrar.

Salió entonces el padre‑y le rogó que entrara; pero‑él replicó: ‘¡Hace tanto tiempo‑que te sirvo, sin desobedecer‑jamás una orden tuya, y tú‑no me has dado nunca ni un‑cabrito para comérmelo con‑mis amigos! Pero eso sí, viene‑ese hijo tuyo, que despilfarró‑tus bienes con malas mujeres,‑y tú mandas matar el becerro‑gordo’.

El padre repuso: ‘Hijo, tú‑siempre estás conmigo y todo lo‑mío es tuyo. Pero era necesario‑hacer fiesta y regocijarnos,‑porque este hermano tuyo‑estaba muerto y ha vuelto a la‑vida, estaba perdido y lo hemos‑encontrado’ ”.

Palabra del Señor.

Gloria a ti, Señor Jesús.

 

Se dice Credo.

Oración de los Fieles

Celebrante:

Celebremos nuestra fe y‑bendigamos a Dios, que es‑bueno y que siempre nos‑escucha, y digámosle junto a‑toda su Iglesia:

Sálvanos, Señor,

que esperamos en Ti.

Para que mirando a Jesús,‑que invita a los pecadores al‑banquete del Reino, la Iglesia,‑con actitudes de misericordia,‑apertura y cercanía, llame a‑todos a la conversión, y a todos‑acoja en su seno.

Oremos.

Sálvanos, Señor,

que esperamos en Ti.

Para que la gracia, que Cristo‑nos mereció con su muerte y‑resurrección, cure las heridas‑del odio, el rencor y el egoísmo,‑de los pueblos, las familias y los‑corazones. Oremos.

Sálvanos, Señor,

que esperamos en Ti.

Para que este tiempo de‑penitencia y austeridad, sea‑también un tiempo en el que‑todos volvamos nuestros ojos y‑corazones a Dios, que vive en‑nuestros hermanos. Oremos.

Sálvanos, Señor,

que esperamos en Ti.

Para que cuantos son enviados‑a anunciar el Evangelio, inviten‑con sus actitudes, ejemplos y‑modo de vivir a la reconciliación‑con Dios. Oremos.

Sálvanos, Señor,

que esperamos en Ti.

Para que los padres que lloran

el pecado de sus hijos, puedan

un día no lejano celebrar con

ellos el retorno a una vida nueva.

Oremos.

Sálvanos, Señor,

que esperamos en Ti.

Para que compartiendo‑el memorial de la muerte‑y resurrección de Jesús,‑retornemos con ilusión a la casa‑del Padre que nos aguarda,‑perdona y salva.

 Oremos.

Sálvanos, Señor,

que esperamos en Ti.

Celebrante:

Dios de las misericordias‑y Padre de bondad, mira las‑oraciones que con confianza‑te hemos presentado,‑encamina nuestros pasos‑hacia Ti, y haznos testigos de tu amor incondicional.

Por Jesucristo nuestro Señor.

Amén.

 

Oración sobre las Ofrendas

Te presentamos, Señor,‑llenos de alegría, estas‑ofrendas para el sacrificio‑y pedimos tu ayuda para‑celebrarlo con fe sincera y‑ofrecerlo dignamente por la‑salvación del mundo.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Amén.

Prefacio de Cuaresma I

Significado espiritual

de la Cuaresma

El Señor esté con ustedes.

Y con tu espíritu.

Levantemos el corazón.

Lo tenemos levantado hacia el Señor.

Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

Es justo y necesario.

En verdad es justo y necesario,‑es nuestro deber y salvación‑darte gracias siempre y en todo‑lugar, Señor, Padre santo, Dios‑todopoderoso y eterno,‑por Cristo nuestro Señor.‑Por Él concedes a tus hijos‑anhelar, año tras año, con el‑gozo de habernos purificado,‑la solemnidad de la Pascua,‑para que dedicados con‑mayor entrega a la alabanza‑divina y al amor fraterno, por la‑celebración de los misterios que‑nos dieron nueva vida, lleguemos‑a ser con plenitud hijos de Dios.

Por eso, con los ángeles y los‑arcángeles y con todos los coros‑celestiales, cantamos sin cesar‑el himno de tu gloria:

Santo, Santo, Santo...

 

Antífona de la Comunión

Deberías alegrarte, hijo mío,‑porque este hermano tuyo‑estaba muerto y ha revivido,‑estaba perdido y lo hemos‑encontrado.

Oración después de la Comunión

Oremos:

Dios nuestro, luz que‑alumbra a todo hombre que‑viene a este mundo, ilumina‑nuestros corazones con el‑resplandor de tu gracia, para‑que nuestros pensamientos te‑sean agradables y te amemos‑con toda sinceridad.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Amén.


 * * * Comentario Servicio Bíblico Latinoamericano

 

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