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= Jueves 11 de Marzo, 2010

Señor, que no seamos sordos a tu voz

Feria de la 3a. semana de Cuaresma

Yo soy la salvación de mi pueblo, dice el Señor

Antífona de Entrada

Yo soy la salvación de mi‑pueblo, dice el Señor.‑Los escucharé en cualquier‑tribulación en que me llamen‑y seré siempre su Dios.

Oración Colecta

Oremos:

Te pedimos, Señor,‑humildemente, que conforme‑se acerca la fiesta de nuestra‑redención, crezca en nosotros‑el fervor para celebrar‑santamente la Pascua‑de tu Hijo, que vive‑y reina contigo en la unidad‑del Espíritu Santo‑y es Dios por los siglos‑de los siglos.

Amén.

 

Primera Lectura

Lectura del libro del profeta

Jeremías (7, 23-28)

Esto dice el Señor: “Esta es‑la orden que di a mi pueblo:‑‘Escuchen mi voz, y yo seré su‑Dios y ustedes serán mi pueblo;‑caminen siempre por el camino‑que yo les mostraré, para que‑les vaya bien’.

Pero ellos no escucharon ni‑prestaron oído. Caminaron según‑sus ideas, según la maldad de‑su corazón obstinado, y en vez‑de darme la cara, me dieron la‑espalda, desde que sus padres‑salieron del país de Egipto hasta hoy.

Yo les envié a mis siervos,‑los profetas, un día y otro día;‑pero ellos no los escucharon ni‑les prestaron oído. Endurecieron‑su cabeza y fueron peores‑que sus padres. Tú les dirás,‑pues, todas estas palabras,‑pero no te escucharán;‑los llamarás y no te responderán.

Entonces les dirás: ‘Este es el‑pueblo que no escuchó la voz‑del Señor, su Dios, ni aceptó‑la corrección. Ya no existe‑fidelidad en Israel;‑ha desaparecido de su misma‑boca’ ”.

Palabra de Dios.

Te alabamos, Señor.

 

Salmo Responsorial Salmo 94

Señor, que no seamos sordos

a tu voz.

Vengan, lancemos vivas‑al Señor,‑aclamemos al Dios‑que nos salva.

Acerquémonos a él,llenos de júbilo,‑y démosle gracias.‑

Señor, que no seamos sordos

a tu voz.

Vengan, y puestos de rodillas,‑adoremos y bendigamos‑al Señor, que nos hizo,‑porque él es nuestro Dios‑y nosotros, su pueblo;‑él es nuestro pastor y nosotros,‑sus ovejas.

Señor, que no seamos sordos

a tu voz.

Hagámosle caso al Señor,‑que nos dice:‑“No endurezcan su corazón,‑como el día de la rebelión‑en el desierto,‑cuando sus padres dudaron‑de mí,‑aunque habían visto mis obras”.

Señor, que no seamos sordos

a tu voz.

 

Aclamación antes del Evangelio

Honor y gloria a ti,

Señor Jesús.

Todavía es tiempo, dice el‑Señor. Arrepiéntanse de todo‑corazón y vuélvanse a mi,‑que soy compasivo‑y misericordioso.

Honor y gloria a ti,

Señor Jesús.

 

Evangelio

† Lectura del santo Evangelio

según san Lucas (11, 14-23)

Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, Jesús‑expulsó a un demonio,‑que era mudo. Apenas salió‑el demonio, habló el mudo‑y la multitud quedó maravillada.‑Pero algunos decían: “Este‑expulsa a los demonios con el‑poder de Satanás, el príncipe‑de los demonios”. Otros,‑para ponerlo a prueba,‑le pedían una señal milagrosa.

Pero Jesús, que conocía sus‑malas intenciones, les dijo:‑“Todo reino dividido por luchas‑internas va a la ruina y se‑derrumba casa por casa.‑Si Satanás también está‑dividido contra sí mismo,‑¿cómo mantendrá su reino?‑Ustedes dicen que yo arrojo‑a los demonios con el poder‑de Satanás. Entonces,‑¿con el poder de quién los‑arrojan los hijos de ustedes?

Por eso, ellos mismos serán‑sus jueces. Pero si yo arrojo‑a los demonios por el poder‑de Dios, eso significa que ha‑llegado a ustedes el Reino‑de Dios.

Cuando un hombre fuerte y‑bien armado guarda su palacio,‑sus bienes están seguros;‑pero si otro más fuerte lo asalta‑y lo vence, entonces le quita‑las armas en que confiaba‑y después dispone de sus‑bienes. El que no está conmigo,‑está contra mí; y el que no recoge conmigo desparrama”.

Palabra del Señor.

Gloria a ti, Señor Jesús.

 

Oración sobre las Ofrendas

Preserva, Señor,‑a tu pueblo de toda maldad‑para que sus ofrendas‑te sean agradables;‑no permitas que nos‑entreguemos a los falsos‑placeres, para que podamos‑alcanzar la recompensa‑prometida.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Amén.

Prefacio de Cuaresma V

El camino del éxodo

en el desierto cuaresmal

El Señor esté con ustedes.

Y con tu espíritu.

Levantemos el corazón.

Lo tenemos levantado hacia el Señor.

Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

Es justo y necesario.

En verdad es justo bendecir‑tu nombre, Padre rico en‑misericordia, ahora que,‑en nuestro itinerario hacia la luz‑pascual, seguimos los pasos de‑Cristo, maestro y modelo de la‑humanidad reconciliada en el‑amor.

Tú abres a la Iglesia el camino‑de un nuevo éxodo a través del‑desierto cuaresmal, para que,‑llegados a la montaña santa,‑con el corazón contrito‑y humillado, reavivemos nuestra‑vocación de pueblo de la‑alianza, convocado para‑bendecir tu nombre, escuchar‑tu palabra, y experimentar‑con gozo tus maravillas.

Por estos signos de salvación,‑unidos a los ángeles, ministros‑de tu gloria, proclamamos‑el canto de tu alabanza:

Santo, Santo, Santo…

 

Antífona de la Comunión

Tú promulgas tus preceptos‑para que se observen‑con exactitud. Que mi conducta‑se ajuste siempre‑al cumplimiento de tu voluntad.

Oración después de la Comunión

Oremos:

Que la gracia de tu salvación,‑que hemos recibido en este‑sacramento, forme, Señor,‑toda nuestra vida.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Amén.

 

 


 * * *  Comentario Servicio Bíblico Latinoamericano http://www.idstat.com/cgi-binp/hits.cgi?a=62350652&d=8