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= Jueves 09 de Septiembre, 2010
Señor, no dejes que me pierda
Feria de la 23a. semana del Tiempo Ordinario o memoria libre de san Pedro Claver, Presbítero
Tengo los ojos puestos en el Señor
Antífona de Entrada
Tengo los ojos
puestos en el Señor, porque él me libra de
todo peligro. Mírame, Dios mío, y ten piedad de mí, que estoy
solo y afligido.
Oración Colecta
Oremos:
Nos acogemos,
Señor, a tu providencia, que nunca se equivoca, y te pedimos
humildemente que apartes de nosotros todo mal y nos concedas aquello que pueda contribuir a
nuestro bien.
Por nuestro
Señor Jesucristo…
Amén.
Primera Lectura
Lectura de la primera
carta
del apóstol
san Pablo a los
corintios (8, 1-13)
Queridos hermanos:
Ya sé que
todos ustedes conocen lo que está permitido con respecto a la carne inmolada
a los ídolos. Pero, ¡cuidado!, porque
el puro hecho de conocer, llena de soberbia; el amor, en cambio, hace el bien. Y si alguno
piensa que ese conocimiento
le basta, no tiene
idea de lo que es el verdadero conocimiento.
Pero aquel
que ama a Dios, es verdaderamente conocido por Dios.
Ahora bien, con respecto a comer la carne ofrecida
a los ídolos, sabemos que un ídolo no
representa nada real y que no
hay más que un solo Dios.
Pues, aun cuando
se hable de dioses del
cielo y de la tierra, como si hubiera
muchos dioses y muchos señores, sin embargo,
para nosotros no hay más que un solo Dios, el Padre, de
quien todo procede y es nuestro destino, y un solo Señor Jesucristo, por quien existen todas las cosas
y por el cual, también nosotros existimos.Mas no todos saben esto.
Pues algunos, acostumbrados a la idolatría
hasta hace poco, siguen comiendo la carne como si estuviera consagrada a los ídolos, y puesto que su conciencia
está poco formada, pecan. No es, ciertamente, la comida lo que
nos hará agradables a Dios, ni
vamos a ser mejores o peores por comer o no comer. Pero tengan cuidado de que esa libertad de ustedes no sea ocasión de pecado para los que tienen la conciencia poco formada.
Porque si a ti,
que sabes estas cosas, te ve alguien
sentado a la mesa en un templo
de los ídolos, ¿no se creerá
autorizado por su conciencia, que está poco
formada, a comer de lo sacrificado
a los ídolos?
Entonces, por
culpa de tu conocimiento
haces que se pierda el hermano que tiene la conciencia poco formada, por quien murió Cristo.
De esta
manera, al pecar ustedes contra sus hermanos, haciendo daño a su conciencia poco formada, pecan contra Cristo. Por tanto,
si un alimento le
es ocasión de pecado a mi hermano, nunca comeré carne para no darle ocasión de
pecado.
Palabra de Dios.
Te alabamos,
Señor.
Salmo Responsorial Salmo 138
Señor, no dejes que me pierda.
Tú me conoces,
Señor, profundamente: tú conoces cuándo me siento y me levanto, desde lejos sabes mis pensamientos, tú observas mi camino y mi descanso, todas mis sendas te son familiares.
Señor, no dejes que me pierda.
Tú formaste
mis entrañas, me tejiste en el seno materno. Te doy
gracias por tan grandes maravillas; soy un prodigio y tus obras son prodigiosas.
Señor, no dejes que me pierda.
Examíname, Dios mío, para conocer mi corazón, ponme a prueba para conocer mis sentimientos, y si mi camino se desvía, no dejes que me pierda.
Señor, no dejes que me pierda.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
Si nos
amamos los unos a los otros, Dios permanece en nosotros y su amor
ha llegado en nosotros
a su plenitud.
Aleluya.
Evangelio
† Lectura
del santo Evangelio
según san Lucas (6,
27-38)
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, Jesús dijo a
sus discípulos: “Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los aborrecen, bendigan a quienes los maldicen y oren por quienes los difaman. Al que te golpee
en una mejilla, preséntale la otra; al que te quite el manto, déjalo llevarse
también la túnica. Al que te pida, dale; y al que se lleve lo tuyo, no se lo reclames.
Traten a los demás como quieran
que los traten a ustedes; porque si aman sólo
a los que los aman, ¿qué hacen de extraordinario? También los pecadores aman a quienes los aman. Si hacen el bien
sólo a los que les hacen el bien, ¿qué tiene de extraordinario? Lo mismo hacen los pecadores.
Si prestan
solamente cuando esperan cobrar, ¿qué hacen de extraordinario? También los pecadores
prestan a otros pecadores, con la intención de cobrárselo después.
Ustedes, en cambio, amen
a sus enemigos, hagan el bien y presten sin esperar recompensa. Así tendrán un gran premio y serán hijos del Altísimo, porque él es bueno
hasta con los malos y los ingratos.
Sean misericordiosos, como su Padre es misericordioso.
No juzguen y no serán juzgados; no condenen y no serán condenados; perdonen y serán perdonados; den y se
les dará: recibirán una medida buena, bien sacudida, apretada y rebosante en los pliegues de su túnica. Porque con la misma medida con que midan, serán
medidos”.
Palabra del
Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Oración sobre las Ofrendas
Confiados en tu
misericordia, Señor, venimos a tu altar con nuestros dones a fin de que te
dignes purificarnos por este memorial que estamos celebrando.
Por Jesucristo,
nuestro Señor.
Amén.
Prefacio Común
IV
La alabanza,
don de Dios
El Señor esté con ustedes.
Y con tu espíritu.
Levantemos el corazón.
Lo tenemos levantado hacia el Señor.
Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
Es justo
y necesario.
En verdad es justo y necesario, es nuestro
deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios
todopoderoso y eterno. Pues, aunque no necesitas de nuestra alabanza, es don tuyo el que seamos agradecidos; y aunque nuestras bendiciones no aumentan tu gloria, nos aprovechan
para nuestra salvación.
Por Cristo nuestro
Señor.
Por eso, unidos
a los ángeles, te aclamamos llenos de alegría:
Santo, Santo, Santo…
Antífona de la Comunión
Yo te
invoco, porque tú me respondes, Dios mío; inclina el oído y escucha mis palabras.
Oración después de la Comunión
Oremos:
Padre santo,
tú que nos
has alimentado con el Cuerpo
y la Sangre de tu Hijo,
guíanos por medio de tu Espíritu
a fin de que, no sólo
con palabras, sino con
toda nuestra vida podamos demostrarte nuestro amor y así merezcamos
entrar al Reino de los
cielos.
Por Jesucristo,
nuestro Señor.
Amén.