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= Jueves 02 de
Febrero, 2012
La Presentación del Señor
Fiesta
El Señor es el rey de la gloria
Haz brillar tu luz sobre nosotros
Antífona
de Entrada
Recordaremos, Señor,
los dones de tu amor en medio de tu templo. Que todos los hombres
de la tierra te conozcan y te alaben, porque es infinita tu misericordia.
Se dice
Gloria.
Oración
Colecta
Oremos:
Dios todopoderoso
y eterno, mira a tus fieles reunidos hoy para celebrar la
presentación en el templo de tu Hijo Jesucristo, y concédenos que podamos
presentarnos ante ti plenamente renovados en el espíritu.
Por nuestro Señor
Jesucristo...
Amén.
Primera
Lectura
Lectura del libro
del profeta
Malaquías (3, 1-4)
Esto dice el Señor:
“He aquí que yo
envío a mi mensajero. El preparará el camino delante de mí. De
improviso entrará en el santuario el Señor, a quien ustedes buscan,
el mensajero de la alianza a quien ustedes desean. Miren: Ya va
entrando,
dice el Señor de los
ejércitos.
¿Quién podrá soportar
el día de su venida? ¿Quién quedará en pie cuando aparezca? Será como
fuego de fundición, como la lejía de los lavanderos.
Se sentará como un
fundidor que refina la plata; como a la plata y al oro, refinará a
los hijos de Leví y así podrán ellos ofrecer, como es debido, las ofrendas
al Señor. Entonces agradará al Señor la ofrenda de Judá y de
Jerusalén, como en los días pasados, como en los años antiguos”.
Palabra de Dios.
Te
alabamos, Señor.
Segunda
Lectura
Lectura de la
carta a los
hebreos (2, 14-18)
Hermanos:
Todos los hijos de
una familia tienen la misma sangre; por eso, Jesús quiso ser de
nuestra misma sangre, para destruir con su muerte al diablo, que
mediante la muerte, dominaba a los hombres, y para liberar a aquellos
que, por temor a la muerte, vivían como esclavos toda su vida.
Pues como bien saben, Jesús
no vino a ayudar a los ángeles, sino a los descendientes de Abraham; por
eso tuvo que hacerse semejante a sus hermanos en todo, a fin de
llegar a ser sumo sacerdote, misericordioso con ellos y fiel en las
relaciones que median entre Dios y los hombres, y expiar así los pecados
del pueblo. Como él mismo fue probado por medio del sufrimiento,
puede ahora ayudar a los que están
sometidos a la prueba.
Palabra de Dios.
Te
alabamos, Señor.
Salmo
Responsorial Salmo 23
El Señor es
el rey de la gloria.
¡Puertas,
ábranse de par en par, agrándense, portones eternos, porque va a
entrar el rey de la gloria!
El Señor es el rey de la gloria.
¿Y quién es el
rey de la gloria? Es el Señor, fuerte y poderoso, el Señor, poderoso
en la batalla.
El Señor es
el rey de la gloria.
¡Puertas,
ábranse de par en par, agrándense, portones eternos, porque va a
entrar el rey de la gloria!
El Señor es
el rey de la gloria.
Y ¿quién es el
rey de la gloria? El Señor, Dios de los ejércitos, es el rey de la
gloria.
El Señor es
el rey de la gloria.
Aclamación
antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
Tú eres, Señor, la luz
que alumbra a las naciones y la gloria de tu pueblo, Israel.
Aleluya.
Evangelio
† Lectura del
santo Evangelio
según san Lucas (2, 22-40)
Gloria a
ti, Señor.
Transcurrido el tiempo
de la purificación de María, según la ley de Moisés, ella y José llevaron
al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, de
acuerdo con lo escrito en la
ley:
Todo
primogénito varón será consagrado al Señor, y también para ofrecer, como dice la
ley, un par de
tórtolas o dos pichones.
Vivía en Jerusalén un
hombre llamado Simeón, varón justo y temeroso de Dios, que aguardaba
el consuelo de Israel; en él moraba el Espíritu Santo, el cual le
había revelado que no moriría sin haber visto antes al Mesías del
Señor. Movido por el Espíritu, fue al templo, y cuando José y María
entraban con el niño Jesús para cumplir con lo prescrito por la ley,
Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios,
diciendo:
“Señor, ya puedes
dejar morir en paz a tu siervo, según lo que me habías prometido,
porque mis ojos han visto a tu Salvador, al que has preparado para
bien de todos los pueblos; luz que alumbra a las naciones y gloria de
tu pueblo, Israel”.
El padre y la madre
del niño estaban admirados de semejantes palabras. Simeón los
bendijo, y a María, la madre de Jesús, le anunció: “Este niño ha sido
puesto para ruina y resurgimiento de muchos en Israel, como signo que provocará
contradicción, para que queden al descubierto los pensamientos de
todos los corazones. Y a ti, una espada te atravesará el alma”.
Había también una
profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de
Aser. Era una mujer muy anciana. De joven, había
vivido siete años casada y tenía ya ochenta y cuatro años de edad. No
se apartaba del templo ni de día ni de noche, sirviendo a Dios con
ayunos y oraciones.
Ana se acercó en aquel momento,
dando gracias a Dios y hablando del niño a todos los que aguardaban
la liberación de Israel.
Y cuando cumplieron
todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad
de Nazaret. El niño iba creciendo y fortaleciéndose, se llenaba de
sabiduría y la gracia de Dios estaba con él.
Palabra del
Señor.
Gloria a
ti, Señor Jesús.
No se dice
Credo.
Oración
de los Fieles
Celebrante:
Hermanos, oremos
a Dios que en Jesucristo nos muestra el camino de la salvación, y
pidámosle por todos los hombres y sus necesidades espirituales y
materiales.
Digamos:
Haz brillar
tu luz
sobre nosotros.
Para que la luz de la
verdad de Cristo ilumine a todas las naciones del Tercer Milenio y
para que todos los que buscan a Dios lo
reconozcan en la vida de la Iglesia y en la caridad de los
cristianos.
Oremos al Señor.
Haz brillar
tu luz
sobre nosotros.
Para que el Papa
Benedicto XVI, los obispos, los sacerdotes y los diáconos, salgan al encuentro
del Señor y dejen que su Espíritu los ilumine y sostenga en su
actividad pastoral.
Oremos al Señor.
Haz brillar
tu luz
sobre nosotros.
Para que los
religiosos y religiosas y todos los que han consagrado su vida al
Señor lo sigan con fidelidad y alegría.
Oremos al Señor.
Haz brillar
tu luz
sobre nosotros.
Para que el Señor
purifique el corazón de todos los gobernantes y poderosos de
este mundo, para que se respete el derecho sagrado a la vida, desde
su concepción.
Oremos al Señor.
Haz brillar
tu luz
sobre nosotros.
Para que Jesús
manifieste su compasión a los que sufren y les dé su fortaleza y para
que entren en la presencia del Señor todos los difuntos rescatados por
la Sangre de Cristo.
Oremos al Señor.
Haz brillar
tu luz
sobre nosotros.
Para que sepamos
perseverar en la presencia del Señor y para que su gracia y sabiduría guíen
nuestros pasos.
Oremos al Señor.
Haz brillar
tu luz
sobre nosotros.
Celebrante:
Oh Dios, que
aniquilaste al que tenía el poder de la muerte y que en Cristo manifestaste tu
amor salvador y la luz de tu verdad a todos los hombres; escucha
nuestras súplicas y haz que vivamos en la claridad de tu presencia.
Por Jesucristo
nuestro Señor.
Amén.
Oración
sobre las Ofrendas
Que te sea
agradable, Señor, el sacrificio de tu Hijo único, el Cordero sin
mancha que tú quieres que la Iglesia te ofrezca por la salvación del
mundo.
Por Jesucristo,
nuestro Señor.
Amén.
Prefacio
propio
El
misterio de la Presentación
del
Señor.
El Señor esté con
ustedes.
Y con tu
espíritu.
Levantemos el corazón.
Lo tenemos
levantado hacia el Señor.
Demos gracias al
Señor, nuestro Dios.
Es justo y
necesario.
En verdad es justo y
necesario es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo
lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, porque al ser
presentado hoy en el templo tu eterno Hijo, fue proclamado por el
Espíritu Santo gloria de Israel y luz de las naciones.
Por eso, nosotros, al
venir hoy llenos de júbilo al encuentro del salvador, te
alabamos con los ángeles, diciendo sin cesar:
Santo,
Santo, Santo...
Antífona
de la Comunión
Mis ojos han visto a
tu salvador, a quien has puesto ante la vista de todos los
pueblos.
Oración después
de la Comunión
Oremos:
Señor, tú que
colmaste las esperanzas del anciano Simeón de no morir antes de
ver al Mesías, completa en nosotros la obra de tu gracia por medio de
esta comunión, para que sepamos buscar siempre a Cristo en esta
vida y podamos llegar a contemplarlo en la eternidad.
Por Jesucristo,
nuestro Señor.
Amén.