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= Lunes 08 de Marzo, 2010

Estoy sediento del Dios que da la vida

Feria de la 3a. semana de Cuaresma

Aclamen al Señor, todos los pueblos

Antífona de Entrada

Mi alma desfallece y suspira‑por los atrios del Señor;‑mi corazón y todo mi ser se han

regocijado en el Dios vivo.

Oración Colecta

Oremos:

Señor, que tu continua‑misericordia purifique a tu‑Iglesia y la proteja; y ya que‑sin ti no puede encontrar la‑salvación, dirígela siempre‑con tu gracia.

Por nuestro Señor Jesucristo…

Amén.

 

Primera Lectura

Lectura del segundo libro

de los Reyes (5, 1-15)

En aquellos días, Naamán,‑general del ejército de Siria,‑gozaba de la estima y del favor‑de su rey, pues por su medio‑había dado el Señor la victoria‑a Siria. Pero este gran guerrero era leproso.

Sucedió que una banda de‑sirios, en una de sus correrías,‑trajo cautiva a una jovencita, que‑pasó luego al servicio de la‑mujer de Naamán. Ella le dijo a‑su señora: “Si mi señor fuera a‑ver al profeta que hay‑en Samaria, ciertamente él lo‑curaría de su lepra”.

Entonces fue Naamán a‑contarle al rey, su señor: “Esto y‑esto dice la muchacha israelita”.‑El rey de Siria le respondió:

“Anda, pues, que yo te daré una‑carta para el rey de Israel”.

Naamán se puso en camino,‑llevando de regalo diez barras de‑plata, seis mil monedas de oro,‑diez vestidos nuevos y una carta‑para el rey de Israel que decía:

“Al recibir ésta, sabrás que te‑envío a mi siervo Naamán, para‑que lo cures de la lepra”.

Cuando el rey de Israel leyó‑la carta, rasgó sus vestiduras‑exclamando: “¿Soy yo acaso‑Dios, capaz de dar vida o‑muerte, para que éste me pida‑que cure a un hombre de su‑lepra? Es evidente que lo que‑anda buscando es un pretexto‑para hacerme la guerra”.

Cuando Eliseo, el hombre de‑Dios, se enteró de que el rey‑había rasgado sus vestiduras, le‑envió este recado: “¿Por qué‑rasgaste tus vestiduras?‑Envíamelo y sabrá que hay un‑profeta en Israel”. Llegó, pues,‑Naamán con sus caballos y su‑carroza, y se detuvo a la puerta‑de la casa de Eliseo. Este le‑mandó decir con un mensajero:

“Ve y báñate siete veces en el río‑Jordán, y tu carne quedará‑limpia”. Naamán se alejó‑enojado, diciendo: “Yo había‑pensado que saldría en persona‑a mi encuentro y que, invocando‑el nombre del Señor, su Dios,‑pasaría la mano sobre la parte‑enferma y me curaría de la lepra.

¿Acaso los ríos de Damasco,‑como el Abaná y el Farfar, no‑valen más que todas las aguas‑de Israel? ¿No podría bañarme‑en ellos y quedar limpio?” Dio‑media vuelta y ya se marchaba,‑furioso, cuando sus criados se‑acercaron a él y le dijeron: “Padre‑mío, si el profeta te hubiera‑mandado una cosa muy difícil,‑ciertamente la habrías hecho;‑cuanto más, si sólo te dijo que te‑bañaras y quedarías sano”.

Entonces Naamán bajó, se‑bañó siete veces en el Jordán,‑como le había dicho el hombre‑de Dios, y su carne quedó limpia‑como la de un niño. Volvió con‑su comitiva a donde estaba el‑hombre de Dios y se le presentó,‑diciendo: “Ahora sé que no hay‑más Dios que el de Israel”.

Palabra de Dios.

Te alabamos, Señor.

 

Salmo Responsorial

Salmos 41 y 42

Estoy sediento del Dios

que da la vida.

Como el venado busca‑el agua de los ríos,‑así, cansada, mi alma‑te busca a ti, Dios mío.

Estoy sediento del Dios

que da la vida.

Del Dios que da la vida‑está mi ser sediento.‑¿Cuándo será posible‑ver de nuevo su templo?

Estoy sediento del Dios

que da la vida.

Envíame, Señor,‑tu luz y tu verdad;‑que ellas se conviertan en mi guía‑y hasta tu monte santo‑me conduzcan,‑allí donde tú habitas.

Estoy sediento del Dios

que da la vida.

Al altar del Señor me acercaré,‑al Dios que es mi alegría,‑y a mi Dios, el Señor, le daré‑gracias al compás de la cítara.

Estoy sediento del Dios

que da la vida.

 

Aclamación antes del Evangelio

Honor y gloria a ti,

Señor Jesús.

Confío en el Señor‑y en sus palabras, porque‑del Señor viene la misericordia‑y la redención.

Honor y gloria a ti,

Señor Jesús.

 

Evangelio

† Lectura del santo Evangelio

según san Lucas (4, 24-30)

Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, Jesús llegó‑a Nazaret, entró a la sinagoga‑y dijo al pueblo: “Yo les aseguro‑que nadie es profeta en su tierra.

Había ciertamente en Israel‑muchas viudas en los tiempos‑de Elías, cuando faltó la lluvia‑durante tres años y medio,‑y hubo un hambre terrible‑en todo el país;‑sin embargo, a ninguna de ellas‑fue enviado Elías, sino a una‑viuda que vivía en Sarepta,‑ciudad de Sidón. Había muchos‑leprosos en Israel, en tiempos‑del profeta Eliseo;‑sin embargo, ninguno de ellos‑fue curado, sino Naamán,‑que era de Siria”.

Al oír esto, todos los que‑estaban en la sinagoga se‑llenaron de ira, y levantándose,‑lo sacaron de la ciudad‑y lo llevaron hasta una barranca‑del monte, sobre el que estaba‑construida la ciudad, para‑despeñarlo. Pero él, pasando‑por en medio de ellos, se alejó de allí.

Palabra del Señor.

Gloria a ti, Señor Jesús.

Oración sobre las Ofrendas

Acepta, Señor, esta ofrenda‑que te presentamos como‑signo de nuestra entrega a ti‑y conviértela en el sacramento‑que ha de darnos la salvación.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Amén.

Prefacio de Cuaresma II

La penitencia de Espíritu

El Señor esté con ustedes.

Y con tu espíritu.

Levantemos el corazón.

Lo tenemos levantado hacia el Señor.

Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

Es justo y necesario.

En verdad es justo y necesario,‑es nuestro deber y salvación‑darte gracias siempre y en todo‑lugar, Señor, Padre santo,‑Dios todopoderoso y eterno.‑Porque misericordiosamente‑estableciste este tiempo‑especial de gracia para que tus‑hijos busquen de nuevo‑la pureza del corazón y así,‑libres de todo afecto‑desordenado, de tal manera‑se apliquen a las realidades‑transitorias, que más bien‑pongan su corazón en las que‑duran para siempre.

Por eso,‑con los ángeles y los arcángeles‑y con todos los coros‑celestiales, cantamos sin cesar‑el himno de tu gloria.

Santo, Santo, Santo…

 

Antífona de la Comunión

Alabad al Señor todas‑las naciones, aclamadlo todos‑los pueblos, porque grande es‑su amor hacia nosotros y su‑fidelidad dura por siempre.

Oración después de la Comunión

Oremos:

Que el sacramento‑que hemos recibido‑nos purifique, Señor, y realice‑nuestra unidad.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Amén.

 


 * * *  Comentario Servicio Bíblico Latinoamericano http://www.idstat.com/cgi-binp/hits.cgi?a=62350652&d=8