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Yo te invoco porque tú me respondes, Dios
mío
Feria de la 3a. semana de Cuaresma
Todavía es tiempo, dice el Señor
Antífona
de Entrada
Yo te
invoco porque tú me‑respondes, Dios mío; atiéndeme‑y escucha mis
palabras.‑Cuídame como a la niña de tus‑ojos y cúbreme bajo la
sombra‑de tus alas.
Oración
Colecta
Oremos:
Que
tu gracia, Señor, nos‑acompañe, para que nos‑impulse a entregarnos
a tu‑servicio y nos obtenga siempre‑tu ayuda.
Por
nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
Primera
Lectura
Lectura
del libro del profeta
Daniel
(3, 25.
34-43)
En aquel
tiempo, Azarías oró‑al Señor, diciendo: “Señor, Dios‑nuestro, no
nos abandones‑nunca; por el honor de tu‑nombre no rompas tu alianza;‑no apartes de nosotros tu‑misericordia, por
Abraham, tu‑amigo, por Isaac, tu siervo,‑por Jacob, tu santo, a
quienes‑prometiste multiplicar su‑descendencia, como las estrellas‑del
cielo y las arenas de la playa.
Pero
ahora, Señor, nos vemos‑empequeñecidos frente a los‑demás pueblos y
estamos‑humillados por toda la tierra,‑a
causa de nuestros pecados.‑Ahora no tenemos príncipe ni‑jefe ni
profeta; ni holocausto ni‑sacrificio ni ofrenda ni incienso;‑ni
lugar donde ofrecerte las‑primicias y alcanzar misericordia.‑Por
eso, acepta nuestro corazón‑adolorido y nuestro espíritu‑humillado,
como un sacrificio de‑carneros y toros, como un millar‑de corderos
cebados. Que ése‑sea hoy nuestro sacrificio y que‑sea perfecto en
tu presencia,‑porque los que en ti confían no
quedan
defraudados.
Ahora te
seguiremos de‑todo corazón; te respetamos‑y queremos encontrarte;‑no nos dejes defraudados.‑Trátanos según tu
clemencia‑y tu abundante misericordia.‑Sálvanos con tus prodigios y
da‑gloria a tu nombre”.
Palabra
de Dios.
Te alabamos, Señor.
Salmo
Responsorial Salmo 24
Sálvanos, Señor,
tú que eres misericordioso.
Descúbrenos,
Señor, tus‑caminos, guíanos con la‑verdad de tu doctrina.‑Tú
eres nuestro Dios y‑salvador y tenemos en ti‑nuestra esperanza.
Sálvanos, Señor,
tú que eres misericordioso.
Acuérdate,
Señor, que son‑eternos tu amor y tu ternura.‑Según ese amor y esa
ternura,‑acuérdate de nosotros.
Sálvanos, Señor,
tú que eres misericordioso.
Porque
el Señor es recto‑y bondadoso, indica a los‑pecadores el sendero,
guía por‑la senda recta a los humildes‑y descubre a los pobres sus‑caminos.
Sálvanos, Señor,
tú que eres misericordioso.
Aclamación
antes del Evangelio
Honor
y gloria a ti,
Señor
Jesús.
Todavía es
tiempo, dice el‑Señor. Arrepiéntanse de todo‑corazón y vuélvanse a
mí, que‑soy compasivo y misericordioso.
Honor y gloria a ti,
Señor Jesús.
Evangelio
†
Lectura del santo Evangelio
según san
Mateo (18,
21-35)
Gloria a ti, Señor.
En aquel
tiempo, Pedro se‑acercó a Jesús y le preguntó:
“Si mi
hermano me ofende,‑¿cuántas veces tengo que‑perdonarlo?
¿Hasta siete‑veces?” Jesús le contestó:‑“No
sólo hasta siete, sino‑hasta setenta veces siete”.
Entonces
Jesús les dijo:
“El Reino
de los cielos es‑semejante a un rey que quiso‑ajustar cuentas con
sus‑servidores. El primero que‑le presentaron le debía muchos‑millones.
Como no tenía‑con qué pagar, el señor mandó‑que lo vendieran a él,
a su‑mujer, a sus hijos y todas sus‑posesiones, para saldar la‑deuda.
El servidor, arrojándose‑a sus pies, le suplicaba,diciendo: ‘Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo’.El rey tuvo lástima de aquel‑servidor, lo soltó
y hasta le‑perdonó la deuda.
Pero,
apenas había salido‑aquel servidor, se encontró‑con uno de sus
compañeros,‑que le debía poco dinero.‑Entonces
lo agarró por el‑cuello y casi lo estrangulaba,‑mientras le decía:
‘Págame lo‑que me debes’. El compañero‑se le arrodilló y le rogaba:
‘Ten‑paciencia conmigo y te lo pagaré‑todo’. Pero el otro no quiso‑escucharlo,
sino que fue y lo‑metió en la cárcel hasta que le‑pagara la deuda.
Al ver lo
ocurrido, sus‑compañeros se llenaron de‑indignación y fueron a
contar‑al rey lo sucedido. Entonces‑el señor lo llamó y le dijo:
‘Siervo
malvado. Te perdoné‑toda aquella deuda porque me‑lo suplicaste. ¿No
debías tú‑también haber tenido compasión‑de tu compañero, como yo
tuve‑compasión de ti?’ Y el señor,‑encolerizado,
lo entregó a los‑verdugos para que no lo soltaran‑hasta que pagara
lo que debía.
Pues lo
mismo hará mi Padre‑celestial con ustedes, si cada‑cual no perdona
de corazón a su hermano”.
Palabra
del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Oración sobre
las Ofrendas
Que
este sacrificio que‑vamos a ofrecerte nos‑purifique, Señor, de
nuestros‑pecados y nos obtenga la‑ayuda de tu poder.
Por
Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Prefacio
de Cuaresma III
Los
frutos de la penitencia
El Señor
esté con ustedes.
Y con tu espíritu.
Levantemos
el corazón.
Lo tenemos levantado hacia el Señor.
Demos
gracias al Señor, nuestro Dios.
Es justo y necesario.
En verdad
es justo y necesario,‑es nuestro deber y
salvación‑darte gracias siempre y en todo‑lugar, Señor, Padre
santo, Dios‑todopoderoso y eterno.‑Porque has querido que en‑nuestras
privaciones voluntarias‑encontremos un motivo para‑bendecirte, ya
que nos ayudan‑a refrenar nuestras pasiones‑desordenadas y, al
darnos‑ocasión de compartir nuestros‑bienes con los necesitados,‑nos
hacen imitadores de tu‑generosidad.
Por eso,
con todos los ángeles,‑te glorificamos y te
aclamamos‑diciendo:
Santo, Santo, Santo...
Antífona
de la Comunión
Señor
¿quién puede‑hospedarse en tu casa y‑descansar en tu monte santo?‑El
que procede honradamente‑y practica la justicia.
Oración después
de la Comunión
Oremos:
Que
nuestra participación‑en este misterio, renueve,‑Señor,
toda nuestra vida‑y nos alcance tu perdón‑y tu ayuda.
Por
Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.