Domingo 5 de Febrero de 2012
5º domingo del Tiempo Ordinario
Águeda. Felipe de Jesús y José María de Yermo y Parres de México.

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Job 7,1-4.6-7: Mis días se consumen sin esperanza
Salmo: 146: Alaben al Señor, que sana los corazones destrozados
1 Cor 9,16-19.22-2: ¡Ay de mí si no anuncio el Evangelio!
Mc 1,29-39: Jesús cura a la suegra de Pedro y a otros enfermos

El breve fragmento que leemos del libro de Job casi nos lo podríamos tomar como una invitaci6n a leerlo un día con calma, entero. ¿Por qué no recomendarlo a la gente que viene a nuestras celebraciones, o al menos a algunos cristianos que les pueda resultar más asequible? Darse cuenta de que en la Escritura hay un libro en el que un hombre protesta ante Dios por el dolor incomprensible, hace mucho bien. Los amigos le dicen que algún pecado habrá cometido para recibir aquel castigo, y lo dicen sinceramente, desde la amistad, queriendo ayudarle a entender su situación... Pero Job protesta. Protesta a los amigos, porque no ve que sus "explicaciones" tengan ningún sentido, y protesta a Dios, porque el dolor no tiene sentido.

El breve fragmento de hoy es una consideración sobre la fuerza del mal incomprensible, sobre el poco sentido que tiene la vida cuando está marcada por el dolor. La vida es trabajar, y total para nada; la vida son las noches de fatiga del enfermo, que no tiene ni el consuelo del sueño...

Job no conoce, aún, la esperanza de la vida eterna. Pero lo que sí es capaz de hacer es, en el último versículo del texto que leemos, levantar la mirada hacia Dios y decirle: "Recuerda...". Que quiere decir: "Mírame, haz algo por mí...".

El evangelio será hoy como una primera respuesta a este "Recuerda...". Y después, en la cruz, Jesús dirá algo muy parecido a lo de Job: "¡Dios mío, Dios mío...!".

El salmo (146) convierte todo eso en una afirmación de confianza. Una confianza que, después de haber escuchado a Job, parece casi excesiva. Una confianza que, en el sufrimiento profundo como el de Job, llega a ser casi imposible. Pero es la confianza que Jesús vivirá en la cruz.

Pablo, de manera parecida a Job, se encuentra en una discusión acalorada con sus interlocutores, en la comunidad de Corinto, en la que grupos fracciones que critican y cuestionan su autoridad (v. 3). Pablo responde haciendo una defensa radical de su misión y declara su absoluta libertad frente a toda manipulación o poder humano. No se declara miembro de un movimiento o representante de alguna institución, sino como un hombre “obligado a cumplir una tarea”. En el imperio Romano era común la práctica del clientelismo, en la cual el benefactor se convertía en patrón de quien recibía sus beneficios. El apóstol desea dejar en claro la pureza de su mensaje, que no está vendido a ningún “cliente”, ni moldeado por ningún interés personal (v. 17-18). Esta libertad en Cristo, le permite al apóstol ser un servidor de los demás. No teme amoldarse a las condiciones de vida de los destinatarios de su mensaje: judíos, seguidores de la ley o rebeldes a ella, débiles. Pablo anuncia así el Evangelio de la libertad que no se matricula con la rigidez, ni hace el juego a ningún interés particular o sectario, sino que es capaz de entrar en diálogo con la diferencia y de llegar a “todas” las realidades humanas, como una Buena Noticia del amor de Dios.

Esto es precisamente lo que hace Jesús en el evangelio de Marcos: entrar en la vida de las personas, ser uno de ellos en su cotidianidad. El domingo pasado, lo vimos sanando a un endemoniado. Hoy, lo acompañamos con Simón y Andrés a la casa de Pedro. La casa, el lugar íntimo done se comparte el techo, la mesa. Allí se encuentra con una anciana enferma, la suegra de Pedro, Jesús se acerca, la toma de la mano y la levanta. Un gesto tan simple como es el acercarse, y tomar de la mano hace el milagro de recuperar a esta mujer, que no sólo recupera su salud, sino su capacidad de servicio. Al atardecer muchos vinieron a buscarlos, y relata el evangelista que Jesús continuó sanando. Era común en la época de Jesús que los enfermos fueran tenidos por malditos o poseídos por espíritus malos, de manera que eran alejados, excluidos y nadie se atrevía a acercarse a ellos. Jesús, al contrario, se entrega con amor y dedicación a su cuidado, siendo su servidor.

El primer capítulo de Marcos describe la evolución espiritual y apostólica de Jesús a lo largo de las primeras semanas de su ministerio. En primer lugar se fue a Judea y al desierto para hacerse discípulo del Bautista (Mc. 1, 9-13). Parece ser que se quedó durante algún tiempo en la escuela de Juan y que no se fue de su lado hasta que le detuvieron (Mc. 1, 14). Aquí es donde se produce un cambio importante en su vida: Jesús se niega a ser, como su maestro, un rabino a quien acuden los discípulos (Mc. 1, 5); será más bien un rabino ambulante que va al encuentro de las multitudes y de las más miserables de entre ellas: las de Galilea. Jesús se dirige, efectivamente, a Galilea y rompe sus primeras armas en su misma ciudad, Cafarnaún (Mc. 1, 21).

Parece ser que el éxito está asegurado: continuamente le están llevando enfermos y toda la ciudad pone cerco a su puerta (Mc. 1, 33). Pero Jesús rechaza este éxito tan ambiguo (cf. Mc. 1, 34b) y adopta otra decisión: se irá de la ciudad (v. 38) y recorrerá los pueblos vecinos. El ideal misionero es, pues, el fermento de la vida de este joven rabino y el criterio con que juzga y replantea su actividad.

Jesús toma esta decisión que modifica su género de vida en aras de la voluntad de su Padre, y al contacto prolongado con la oración se despierta su conciencia de rabino (v. 35).

Marcos es el único que subraya la preocupación de Jesús por educar ya a sus discípulos en este estilo de vida misionera ("vámonos a otra parte...": v. 38), fijándoles así una actividad que pocos rabinos de su época fijaban a sus discípulos.

Para la revisión de vida
¿Cómo me afectan los momentos bajos de la vida, los momentos de cansancio, de depresión, cuando el tiempo se hace largo y uno echa en falta el entusiasmo del vivir?
¿En qué momentos de mi vida la imagen lejana que tenía de Dios se ha tornado más cercana y presente en la vida?
¿Cómo he alimentado en mí la verdadera libertad de los hijos de Dios?
¿Me acerco a las personas valorando su condición o juzgo y rechazo a quienes son diferentes a mí?

Para la reunión de grupo
- ¿Qué está viviendo Job que le hace decir las palabras que escuchamos de su boca?
- Ante el dolor y los problemas, ¿somos capaces de acompañar y respetar a los otros o simplemente respondemos con frases aprendidas frías e indiferentes?
- ¿Cómo se observa en nuestro entorno la manipulación que se hace del mensaje de Jesús en beneficio de personas o grupos?
- ¿Cómo podemos desarrollar en nuestro grupo la libertad de anunciar el Evangelio, sin manipulaciones ni intereses egoístas?
- ¿En qué gestos concretos nos hacemos cercanos a los hermanos que sufren o están marginados de la sociedad?

Para la oración de los fieles
- Por quienes sufren el hambre, la guerra y el abandono para que encuentren en los cristianos personas capaces de acompañar y comprometerse en el mejoramiento de su vida.
- Por las Iglesias de Jesús para que defiendan cada día la libertad ante cualquier forma de poder o manipulación para que puedan ser autenticas servidoras de la vida.
- Para que en las Iglesias se supere toda forma de exclusión, dominio, o alejamiento de la vida y las necesidades de las personas.
- Para que la evangelización, la catequesis, el servicio pastoral, el apostolado... sea siempre, en la Iglesia de Jesús, algo que brota del entusiasmo y se hace por vocación generosa, y no por oficios pastorales remunerados apetecibles económicamente.

Oración comunitaria
Padre creador, que escuchas y atiendes los clamores de la humanidad, y que en Jesús nos mostraste el proyecto de Bondad y libertad para tus hijos e hijas. Haz de nosotros creyentes audaces, que libres de todo afán de dominio o ganancia, sepamos ser servidores de todos, especialmente de tus hijos solos y abandonados. Que seamos constructores de un mundo sin exclusiones en el que todos y todas quepamos con igual dignidad e iguales oportunidades, para que la humanidad y la creación que sufre pueda también un día levantarse, y realizarse plenamente en paz y bienestar. Tú que vives y amas por los siglos de los siglos.

 


 

 

Colaboración del Servicio Bíblico Latinoamericano