Lunes 30 de
enero de 2012
Martina
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2 Sm
15,13-14.30; 16,5-13ª: Huyamos de Absalón.
Salmo 3: Levántate, Señor, sálvame.
Mc
5,1-20: Espíritu inmundo, sal de
este hombre
La “otra
orilla” representa un desafío para Jesús y sus discípulos. Mientras la
orilla occidental está ocupada principalmente por población Judía con poca
presencia de gente griega y siria, la otra orilla oriental está ocupada casi
exclusivamente por población extranjera, que tiene una religión distinta a la
de Israel. La distancia mayor no es la geográfica, sino la distancia cultural
y religiosa. Allí Jesús enfrenta una opresión mayor, representada por una
legión. El hombre agobiado por este mal es incapaz de ubicarse en el ámbito
de los vivos y prefiere la compañía de los muertos. La acción de Jesús lo
libera, no sin antes hacer recaer el castigo sobre los cerdos, símbolo del
culto a los dioses paganos y a la violencia institucional romana. La
liberación sólo se completa cuando el hombre recién liberado marcha hacia los
suyos para anunciarles la Buena Noticia de su propia salvación.
Nosotros
hoy enfrentamos una legión de ideologías que legitiman la violencia sobre los
más débiles y la manipulación de todos los seres humanaos. Nuestra lucha
sería vana si no supiéramos de antemano que podemos vencer, de la mano de
Jesús. Si nos abandonamos a nuestras fuerzas, terminaremos derrotados, porque
esta fuerza tiene un carácter sobrehumano.
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