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= Sabado 13 de Marzo. 2010

Bendice, alma mía, al Señor

Feria de la 3a. semana de Cuaresma

Señor, ten piedad de mí porque soy un pecador

Antífona de Entrada

Bendice, alma mía, al Señor,‑y no olvides sus beneficios:

El perdona todas tus culpas.

Oración Colecta

Oremos:

Concédenos, Señor, que‑celebrando con alegría esta‑Cuaresma, de tal modo‑penetremos el significado‑del misterio pascual, que‑obtengamos la plenitud de sus‑frutos.

Por nuestro Señor Jesucristo...

Amén.

 

Primera Lectura

Lectura del libro del profeta

Oseas (6, 1-6)

Esto dice el Señor: “En su‑aflicción, mi pueblo me buscará‑y se dirán unos a otros: ‘Vengan,‑volvámonos al Señor; él nos ha‑desgarrado y él nos curará;‑él nos ha herido y él nos‑vendará. En dos días nos‑devolverá la vida, y al tercero,‑nos levantará y viviremos en su‑presencia.

Esforcémonos por conocer‑al Señor; tan cierta como la‑aurora es su aparición y su juicio‑surge como la luz; bajará sobre‑nosotros como lluvia temprana,‑como lluvia de primavera que‑empapa la tierra’.

¿Qué voy a hacer contigo,‑Efraín? ¿Qué voy a hacer‑contigo, Judá? Su amor es‑nube mañanera, es rocío matinal‑que se evapora. Por eso los‑he azotado por medio de los‑profetas y les he dado muerte‑con mis palabras. Porque‑yo quiero misericordia y no‑sacrificios, conocimiento de‑Dios, más que holocaustos”.

Palabra de Dios.

Te alabamos, Señor.

 

Salmo Responsorial Salmo 50

Misericordia quiero,

no sacrificios, dice el Señor.

Por tu inmensa compasión‑y misericordia, Señor,‑apiádate de mí y olvida‑mis ofensas. Lávame bien‑de todos mis delitos,‑y purifícame de mis pecados.

Misericordia quiero,

no sacrificios, dice el Señor.

Tú, Señor, no te complaces‑en los sacrificios y si te ofreciera‑un holocausto, no te agradaría.‑Un corazón contrito te presento,‑y a un corazón contrito,‑tú nunca lo desprecias.

Misericordia quiero,

no sacrificios, dice el Señor.

Señor, por tu bondad,‑apiádate de Sión, edifica‑de nuevo sus murallas.‑Te agradarán entonces‑los sacrificios justos,‑ofrendas y holocaustos.

Misericordia quiero,

no sacrificios, dice el Señor.

 

Aclamación antes del Evangelio

Honor y gloria a ti,

Señor Jesús.

Hagámosle caso al Señor‑que nos dice: “No endurezcan‑su corazón”.

Honor y gloria a ti,

Señor Jesús.

 

Evangelio

Lectura del santo Evangelio

según san Lucas (18, 9-14)

Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, Jesús dijo‑esta parábola sobre algunos‑que se tenían por buenos y‑despreciaban a los demás:

“Dos hombres subieron al‑templo para orar: uno era‑fariseo y el otro, publicano. El‑fariseo, erguido, oraba así en su‑interior: ‘Dios mío, te doy gracias‑porque no soy como los demás‑hombres: ladrones, injustos y‑adúlteros; tampoco soy como‑ese publicano. Ayuno dos veces‑por semana y pago el diezmo de‑todas mis ganancias’.

El publicano, en cambio, se‑quedó lejos y no se atrevía a‑levantar los ojos al cielo. Lo‑único que hacía era golpearse‑el pecho, diciendo: ‘Dios mío,‑apiádate de mí, que soy un‑pecador’.

Pues bien, yo les aseguro que‑éste bajó a su casa justificado y‑aquél no; porque todo el que se‑enaltece será humillado y el que‑se humilla será enaltecido”.

Palabra del Señor.

Gloria a ti, Señor Jesús.

 

Oración sobre las Ofrendas

Tú que nos purificas con‑tu gracia para que nos‑acerquemos dignamente a tu‑Eucaristía, concédenos, Señor,‑celebrarla de tal modo, que‑podamos rendirte‑una alabanza perfecta.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Amén.

Prefacio de Cuaresma II

La penitencia de Espíritu

El Señor esté con ustedes.

Y con tu espíritu.

Levantemos el corazón.

Lo tenemos levantado hacia el Señor.

Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

Es justo y necesario.

 En verdad es justo y necesario,‑es nuestro deber y salvación‑darte gracias siempre y en todo‑lugar, Señor, Padre santo,‑Dios todopoderoso y eterno.‑Porque misericordiosamente‑estableciste este tiempo‑especial de gracia para que tus‑hijos busquen de nuevo‑la pureza del corazón y así,‑libres de todo afecto‑desordenado, de tal manera‑se apliquen a las realidades‑transitorias, que más bien‑pongan su corazón en las que‑duran para siempre.

Por eso,‑con los ángeles y los arcángeles‑y con todos los coros‑celestiales, cantamos sin cesar‑el himno de tu gloria.

Santo, Santo, Santo…

 

Antífona de la Comunión

El publicano, manteniéndose‑a distancia, se golpeaba el‑pecho y decía: Señor,‑ten piedad de mí porque‑soy un pecador.

Oración después de la Comunión

Oremos:

Dios de misericordia,‑que no cesas de alimentarnos‑con tu santa Eucaristía,‑concédenos venerarla‑siempre con respeto y‑recibirla con fe profunda.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Amén.

 


* * Comentario Servicio Bíblico Latinoamericano

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