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= Sabado 31 de Julio, 2010
San Ignacio de
Loyola, presbítero
Memoria
Defiéndeme y ayúdame, Dios mío
Antífona de Entrada
Que al nombre de Jesús toda rodilla se doble, en los cielos, en la tierra, en los
abismos, y que toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.
Oración Colecta
Oremos:
Dios nuestro,
tú que encendiste en san Ignacio de Loyola un apasionado amor por tu Hijo
y por tu Iglesia, concédenos por su intercesión
un celo infatigable por la salvación de las almas y una fidelidad inquebrantable al
Vicario de Cristo.
Por nuestro
Señor Jesucristo...
Amén.
Primera Lectura
Lectura del libro
del profeta
Jeremías (26, 11-16. 24)
En aquellos días, los sacerdotes y los profetas dijeron a los jefes y al pueblo: “Ese hombre,
Jeremías, merece la muerte, porque ha profetizado contra esta
ciudad, como ustedes mismos lo han oído”.
Pero Jeremías les dijo a los jefes y al
pueblo: “El Señor me ha enviado
a profetizar todo lo que han oído
contra este templo y esta ciudad. Pues bien, corrijan su conducta y sus obras, escuchen
la voz del Señor, su Dios, y el Señor se retractará de la amenaza que ha pronunciado contra ustedes.
Por mi parte, yo estoy en manos de ustedes: hagan de mí lo que les parezca justo y conveniente. Pero sépanlo bien: si
me matan, ustedes, la
ciudad y sus habitantes
serán responsables de
la muerte de un inocente, porque es cierto
que el Señor me ha enviado a ustedes para anunciarles todas estas cosas”.
Los jefes y todo el pueblo dijeron a los
sacerdotes y a los profetas:
“Este hombre no merece sentencia
de muerte, porque nos ha hablado en nombre del Señor, nuestro Dios”. Entonces Ajicam, hijo de Safán, defendió a Jeremías, para que no fuera entregado
en manos del pueblo y lo mataran.
Palabra de Dios.
Te alabamos,
Señor.
Salmo Responsorial Salmo 68
Defiéndeme y ayúdame,
Dios mío.
Sácame de este
cieno, no vaya a ser que me hunda;
ponme a salvo, Señor,
de los que me odian y
de estas aguas tan profundas.
Defiéndeme y ayúdame,
Dios mío.
No dejes
que me arrastre la corriente y que me trague el remolino; no dejes que se cierre sobre mí la boca
del abismo.
Defiéndeme y ayúdame,
Dios mío.
Mírame enfermo
y afligido; defiéndeme
y ayúdame, Dios mío.
En mi cantar exaltaré tu nombre, proclamaré tu gloria, agradecido.
Defiéndeme y ayúdame,
Dios mío.
Se alegrarán
al verlo los que sufren; quienes buscan a Dios tendrán más ánimo, porque el Señor jamás desoye al pobre, ni olvida al
que se encuentra encadenado.
Defiéndeme y ayúdame,
Dios mío.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de
los cielos, dice el Señor.
Aleluya.
Evangelio
† Lectura
del santo Evangelio
según san Mateo (14, 1-12)
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, el rey Herodes oyó lo que contaban de Jesús y les dijo a sus cortesanos: “Es Juan el Bautista, que ha resucitado de entre los muertos
y por eso actúan en él fuerzas milagrosas”.
Herodes había apresado
a Juan y lo había encadenado
en la cárcel por causa de Herodías, la mujer de su hermano
Filipo, pues Juan le decía a Herodes que no le estaba permitido tenerla por mujer. Y aunque quería quitarle la vida, le tenía miedo a la gente, porque creían que Juan era un profeta.
Pero llegó el cumpleaños de Herodes, y la hija de Herodías bailó delante de todos y le gustó tanto a Herodes, que juró darle
lo que le pidiera.
Ella, aconsejada por su madre, le dijo:
“Dame, sobre esta bandeja, la cabeza de Juan
el Bautista”.
El rey se entristeció, pero a causa de su juramento
y por no quedar mal
con los invitados, ordenó
que se la dieran; y entonces mandó degollar a Juan en la cárcel.
Trajeron, pues, la cabeza en una bandeja, se la entregaron a
la joven y ella se la llevó a su madre.
Después vinieron los discípulos de Juan, recogieron
el cuerpo, lo sepultaron,
y luego fueron a avisarle a Jesús.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Oración sobre las Ofrendas
Acepta, Señor,
los dones que te presentamos y por intercesión de san
Ignacio de Loyola, concédenos que este sacrificio,
fuente de toda santidad, nos santifique también a nosotros.
Por Jesucristo,
nuestro Señor.
Amén.
Prefacio de los Santos
Pastores
Los santos pastores siguen
presentes en la Iglesia
El Señor esté con ustedes.
Y con tu espíritu.
Levantemos el corazón.
Lo tenemos levantado hacia el Señor.
Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
Es justo
y necesario.
En verdad es justo y necesario, es nuestro
deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo nuestro Señor. Porque permites que tu Iglesia se alegre hoy con la festividad de san Ignacio de Loyola, para animarnos con el ejemplo de su vida,
instruirnos con su palabra y protegernos con su intercesión.
Por eso, con los ángeles y los santos, te cantamos el himno de alabanza,
diciendo sin cesar:
Santo, Santo,
Santo...
Antífona de la Comunión
He venido a traer fuego a la tierra, y cuánto desearía que ya estuviese ardiendo,
dice el Señor.
Oración después de la Comunión
Oremos:
Que esta
Eucaristía, que te hemos ofrecido en
la festividad de san Ignacio de Loyola, nos dé tu
gracia, Señor, para buscar en todo tu mayor gloria.
Por Jesucristo,
nuestro Señor.
Amén.
* * Comentario Servicio Bíblico
Latinoamericano