Mi
Mozart
Fuente: www.alfayomega.es
Autor: S.S. Benedicto XVI
En este año 2006, Año de Mozart, el festival de Salzburgo edita un libro que
reúne las contribuciones de sesenta artistas. Sobresale entre ellas la del Papa
Benedicto XVI, que escribió también un texto, titulado Mein Mozart (Mi Mozart).
La Presidenta del festival, Helga Rabl-Stadler, ha ofrecido la singular
contribución del Santo Padre al diario de Viena Kronen Zeitung. El periódico
agradeció tan gran regalo, y lo hizo público el día de Reyes, para compartirlo
con sus lectores. Alfa y Omega lo recoge del Kronen Zeitung, para compartirlo
con los nuestros:
«Cuando en nuestra parroquia de Traunstein, en los días de fiesta, tocaban una
misa de Mozart, a mí, que era un niño pequeño que venía del campo, me parecía
como si estuvieran abiertos los cielos. Delante, en el presbiterio, se formaban
columnas de incienso, en las que se quebraba la luz del sol; en el altar tenía
lugar la celebración sagrada, de la que sabíamos que abría para nosotros el
cielo. Y desde el coro resonaba una música que sólo podía venir del cielo, una
música en la que se nos revelaba el júbilo de los ángeles por la belleza de
Dios. Algo de esta belleza estaba entonces entre nosotros.
Tengo que decir que algo así me sucede todavía, cuando oigo a Mozart. En
Beethoven oigo y siento el empeño del genio por dar lo máximo, y de hecho su
música tiene una grandeza que me llega a lo más íntimo. Pero el esfuerzo
apasionado de este hombre resulta perceptible, y a veces, en un paso u otro, en
su música parece notarse también un poco esta fatiga. Mozart es pura
inspiración –o, al menos, así lo siento yo–. Cada tono es correcto y no podría
ser de otra manera. El mensaje está sencillamente presente. Y no hay en ello nada
banal, nada sólo lúdico. El ser no está empequeñecido ni armonizado falsamente.
No deja fuera nada de su grandeza y de su peso, sino que todo se convierte en
una totalidad, en la que sentimos la redención también de lo oscuro de nuestra
vida y percibimos lo bello de la verdad, de lo que tantas veces querríamos
dudar.
La alegría que Mozart nos regala, y que yo siento de nuevo en cada encuentro
con él, no se basa en dejar fuera una parte de la realidad, sino que es
expresión de una percepción más elevada del todo, que yo sólo puedo
caracterizar como una inspiración, de la que parecen fluir sus composiciones
como si fueran evidentes. De modo que, oyendo la música de Mozart, queda en mí
últimamente un agradecimiento, porque él nos ha regalado todo esto, y un
agradecimiento, porque esto le haya sido regalado a él».
Benedicto XVI